Una tarde

Publicado octubre 7, 2012 por ophiel72

Quise una tarde de domingo

irme solo a pasear

junto a la fría vereda

de un río que no recuerdas.

Mi lento paso

como  los barcos por Sevilla

buscaba la sombra de mis zapatos

con música del ave emigrante.

Sin otra forma de oírte

y tocar el pulso de tu voz,

que un negro teléfono

que poco o nada sabe de añorar,

y nadie le programó para amar.

Así me encuentro

en la melancólica y otoñal tarde

recordando a quién mis versos

suelen acariciar allá en lo alto

cerca de la iglesia mora y su campanario.

Lánguida guitarra de concierto

que buscas el premio para tu dueño

hoy no tocas música

interpretas a mi alma.

Pero olvido la tristeza,

envuelta en flores marchitas y

abandonadas en un banco de hierro desconchado.

Y la ilusión de emprender el regreso

a la urbe donde tú,

resides en armonioso lugar

donde el mundo se detiene

y donde tintinean

cascabeles y dedales,

donde no apremia la prisa

solo la amistad y la sonrisa.

Hermosa ciudad

solo con tu presencia.

Déjame llevar guirnardas

adornar todas las calles

gritar tu nombre desde los tejados

engalanar las torres

con rosas por banderas

y ofrecer tributo

al destino

por premio tan inmenso.

No se sabe lo que no se tiene

hasta que no es encontrado.

felicidad-atardecer

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