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Hadrones para el alma

Publicado febrero 12, 2015 por laquehasliado

Quisiera desentrañar el átomo del que parte el amor, deshilar en ínfimas cadenas el núcleo de mi sentimiento.

No hay que idear monstruosos complejos que absorban millones de euros, del que convalece en el suelo errando en convulsas creencias. Sólo un rayo del cielo guarda más con su palabra que cientos de burócratas apostando en la amañada ruleta.

Quiero desenmascarar el sentido de amar y ser correspondido sin medidas atómicas ni excelencia en la práctica. Cañón de hadrones, que oxidas con tú presencia el sentido de amar y la luz de la vida. Nunca sabrás que se siente, y cuando dividas el átomo en diez mil irrealidades seguirás preguntando con tu mirada. Olvidarse en el  puente del timón que gira, del mar que arrastra, del viento que empuja. Amor, amor siempre amor en el escondite de una cortina, en lo abierto del cielo, en los pequeños detalles.

Siempre se vive. ¿Y tú hadrón?

 

adrones

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La ventana

Publicado febrero 3, 2015 por laquehasliado

Se me ha dormido el alma

envuelta en pijamas

de sueños algodonados

y texturas inciertas.

 

Tras la ventana

uno se guarece del frío

que causan los aplausos

escarchados por el tiempo.

 

Alguien toca el piano

en alguna habitación contigua

donde no quedan ya cátedras

ni nobles títulos extintos.

 

El reflejo de un sol lejano

acaricia mi piel tras los gruesos cristales,

por donde no franquea el frío

ni el sonido de mi nombre en su garganta.

 

Dulce tañir de la cuchara en la taza,

de infusiones de hierbas

y promesas de ser mejores

sin azúcar añadido.

 

No quiero escapar al monte del olvido

ni pretendo sellar el pasaporte

de pretextos que han caducado

en el país donde vivo el presente.

 

Simplemente espero

que mi vida amaine

que el sucio reflejo del tifón

sea solo un reflejo.

 

Incandescentes ascuas de mi impaciencia,

consumiros como lo hace la tarde,

sin prisa ni reproches,

el tiempo siempre arde.

 

Y no hay bomberos

ni mangas de riego

capaces de sofocar

la llama que nos da la vida.

 

Dulce tarde de invierno

tras las ventanas

en las que vigilo

tu pronta llegada y mi abrazo.

TardesenlaVentana

(Ophiel)


La Ventana –
(c) –
Rubén García Codosero